Mujeres de la reunión en cafeterías

No es mi problema

2020.06.25 04:18 maniantico92 No es mi problema

Recordando pude encontrar un titulo afín a ésta anécdota. Enero o febrero, no sé; pero te puedo asegurar que se trataba de un día muy frio, y un servidor bastante frito en todos los aspectos. Aún borracho, salí en la mañana para dirigirme a otro lugar donde quedarme. Estando en Guadalupe, limitando con Juarez caminé a la estación donde conecta la ruta con el metro. Caminé cuarenta minutos entre respiros irregulares, la nariz roja y los pies mojados por el agua helada, misma que se colaba por el cuero de mis tenis. Mientras pensaba con quien podría pasar el rato, a sabiendas que no tendría ni un peso, ni nada que ofrecer más que mi tiempo y mi cuerpo. Odiaba sentirme patético ante mis amigos, conocidos y familiares. Aunque siempre sabía que después de situaciones de ese tipo, llega un punto en donde no se puede caer más, y buscas de nuevo la estabilidad emocional. Un trabajo, escuela , escribir, lo que fuera. Y luego, apenas encontrándola recaer de nuevo en la enfermedad y la miseria. Un circulo sin salida, del cual ya me había habituado desde hace años. Podría darme una vuelta al casino donde solía trabajar, si tengo suerte estará ahí la hostess que acostumbraba saludarme con un abrazo, y un beso húmedo. Bella; de ascendencia inca, cabello castaño, y unos cuantos mechones platinados pero con cuerpo de veinteañera . Quise suspirar, cosa que no pude hacer por la congestión. Imaginaba mi pasado, tomando sus manos y ella respondiendo con sus dedos entrelazando los míos. Era su ''novio'', Liz bromeaba con sus compañeras abrazándome. Yo respondiendo a su cariño, malinterpretando la confianza, como todo hombre. Siempre optaba por nunca averiguar su intención, ni la de ninguna mujer. Una visión idealista del amor nunca funciona, al menos no funcionó mi. El dolor, el rechazo te obliga a ver la realidad como tal. Liz casi tenía la edad de mi madre, y dos hijos. Ahora no sonaba mala idea un romance e incluso algo más serio. Llegaría con el pretexto de cobrar mis doscientos pesos de liquidación, y me toparía con ella. No con la tatuada, ni con la host del novio posesivo. A ella le tocaría el turno de mañana, sea entrando o saliendo, es igual. Pero allí estaría. Conversando, compartiendo unas papas con carne, acomodándome el cuello de la chaqueta, y tocando un rostro frio y enrojecido, sintiendo sus largas uñas descansar sobre mi piel cicatrizada. Trataría de convencerla de dejarme pasar una noche, sin parecer que llevo varios días viviendo entre calles, la central y el parque alamey. Había tenido la fortuna de dormir los últimos días bajo techo, y me sentía con suerte. Como dije, la realidad no tardó en traicionarme estando a unos pasos de mi ex trabajo. ¿Y ahora que? Tendría que hacer todo el papeleo, para que me suelten la feria. Si no esta Liz tendría que esperar varias horas hasta tarde. Suponiendo que logro convencerla, y me la paso en su casa. ¿Que me esperaría ahí? Una chica adolescente mirándome, torciendo la boca y preguntando a su madre quien soy. Un niño diciéndome ''señor'', mirando hacia arriba con su juguete en la mano. Tal vez estaría durmiendo junto a Liz en su sofá abrazándome, después de jugar un poco con su hijo. El señor de la casa llegaría esperando la cena, y al encontrarme me echaría a patadas sin siquiera haber tenido contacto sexual con ella por la apatía. O peor aún. Me presentaría con su esposo, y el me saludaría amistosamente porque es inteligente y sabe que no soy nada para ella. Desistí, y me volví de nuevo a la avenida. Tengo otro amigo viviendo cerca, a casi una hora caminando de donde me encontraba. Tiene televisión por cable, y probablemente tenga cerveza. Al recordar que su casa era un congelador, decidí darle una sorpresa a la familia probablemente se acercaba el cumpleaños de alguien y habría reunión. A duras penas completaba el pasaje de la ruta y el metro. Sabía que llegando al centro de Monterrey, caminaría otra hora para llegar con ellos. Comida, agua caliente, una cerveza y un techo hasta que mejore el clima, y de ahí no sé. Solo me tragaría las preguntas de siempre ¿Como has estado?, ¿Sigues trabajando?, ¿Y la escuela? Después recibiría con mucho aprecio la cortesía casi obligada que me ofrece la amorosa familia. Entré a la estación del transmetro, dirigiéndome a donde tenía que echar las monedas y las eché. Las escuché caer hasta el fondo del tragamonedas, mientras el ruido me aturdía. Apenas traté de atravesar el frio torniquete, y sentí un duro golpe que me sacó el aire. Este ni siquiera se movió, lo empujé otra vez y se acercó el guardia de seguridad. Un sujeto agradable. -Disculpe señor, me puede ayudar, es que no puedo pasar. -No puedes entrar así-dijo-al verme perdiendo el equilibrio-. -¿Así como?-dije-no le estoy faltando el respeto a nadie, mucho menos la ando cagando, solo quiero irme a mi casa. -Mírate como andas, mejor agarra un camión. Nadie se puede subir en estado de ebriedad, le pido de favor que se retire, si no me veré obligado a hablarle a la patrulla. Al menos fue cortés, y lo hubiera hecho de no tener la necesidad. -Compa, el torniquete se tragó lo que me quedaba de efectivo ¿Como voy a regresar entonces? Tíreme paro se lo suplico. -Ese no es mi problema, le pido de favor que se retire. Enfurecí. -No me voy a ir hasta recuperar mis monedas. -Entonces voy a hablarle a la patrulla. Sacó su radio. -Usted es el que me está robando. No respondió, estaba preparando mi puño pero vi su otra mano en la cintura sosteniendo un gas pimienta. Me preguntaba si los entrenaban para ese tipo de situaciones, y quien llegaría primero. Si fallaba me iría igual a transito con los ojos maltrechos, dejando ileso al hijo de su puta madre. Apenas le di la espalda con resignación, y vi la silla de carta blanca, atada con un alambre que usaba de asiento. Un modesto teléfono, conectado al toma corriente descansaba ahí. Caminé hacia la silla y le di una patada con todas mis fuerzas. Vi el teléfono, y la silla volar escasos metros, ni me molesté en ver donde cayeron. Crucé la avenida riendo mostrandole los dientes chuecos al guardia. El se limitó a mirarme con el ceño fruncido vociferando en su radio. Caminé rumbo a la siguiente estación, y me salté el torniquete. Definitivamente seguía con suerte.
2
De esas raras veces que amanecí con una resaca ligera, sin nauseas. Las cosas nunca mejoran, la nostalgia hace mella en las tripas, en el espíritu, y te engaña. Una bonita forma de aceptar la resignación. Viendo el pasado como una mejor época, sin darte cuenta que en esa misma decías que era la misma mierda de ahora, y poco a poco vas glorificando tus malos días con pequeños detalles. No pude quejarme, la pasé bien anoche. Primera paga, un jale temporal, y un par de gramos de pase. Me lavé la cara, los dientes, usando solo una gota de pasta dental para no estropear el gusto, pensaba tomar un café para paliar un poco la depresión. Hice unas cuantas gárgaras cabeza arriba, y con la garganta aun adormecida escupí una espuma roja como flor de jamaica. Acostumbraba siempre a cepillarme con violencia, y más si no recordaba nada de lo que hice la noche anterior. Arribé a un pequeño centro comercial que abrió hace poco acá en Garza Sada. De arquitectura sofisticada e iluminado con luz natural. Había un HEB, y al lado una cafetería de la misma tienda. Casi en frente un Sally Beauty, y a través del cristal sus vendedoras. Una, delgada y bonita. La otra, regordeta pero también bonita. La tercera no la vi, atendía a una madre, de esas que salen en la sección de sociales en el periódico. Ambas bonitas. En fin. Me dirigí a comprar un café, metí las manos en todos los bolsillos de mis jeans sucios. Veintitrés pesos decía la carta arriba de la caja, y en mi mano seis, y dos vellos púbicos. El bajón me hizo olvidar como iba a sobrevivir los siguientes días. Solo quería un café, y gastar las horas viendo la gente pasar, y esperar a que baje el sol. Quien sabe como le hice para desaparecer todo. Ni me esmeré en buscar culpables. Daba igual si fueron los municipales, algún jotillo o la mujer dañada a la cual le estaba invitando. No andaba tan pedo, ya que siempre acostumbro, a utilizar mucha coca y poco alcohol. Recurriendo al ultimo para bajar la ansiedad y los nervios. Nunca le encuentro sentido a quienes esnifan puntos para bajar la borrachera, o para quitar el hambre, o para permanecer despiertos. Muy común en usuarios comunes. No sirve para ninguna de esas cosas, y lo he comprobado. Me gustaba la adrenalina, la lucidez y la cara adormecida. Tan simple como la vida. Así como yo, el único sospechoso y culpable de mis pendejadas. Aunque seguía apostando, que fue algún gracioso, cuya intención era drogar a la borracha con la que andaba compartiendo fluidos, no con besos. Bueno si, pero no era ella sino la botella en la que estábamos bebiendo. Debieron de ser verdes o rivotriles.
Fingía esperar a alguien en una banca frente al área de cajas. De vez en vez, miraba a las mesas para ver quien era el primero en acabar su taza vespertina. El turno le tocó a dos rucos, bien vestidos y serios. El de anteojos, y con sobrepeso enrollaba los planos, el otro apagaba su laptop. ¿Ingenieros? ¿Arquitectos? ¿Accionistas? El gesto severo les hacía ver importantes, para mi lo eran. Ya que ansiaba el vasito de cartón, con la etiqueta pegada del refill de todo el día de hoy, que justo se encontraba en la cima del contenedor. Tomé el vaso, mirando furtivamente hacia todos lados. Era tan malo como robar, y tenían razón. El café de veintitrés, costó millones de inversión para que estuviese ahí. Ganancias y perdidas diarias. Acciones subiendo y bajando. Horas de estrés y desvelo. El dejar de ser un ser humano pensante, para convertirte en ese monstruo que llaman empresario o emprendedor. Hasta la basura debía ser capitalizada para un plan de emergencia, en caso de liquidación. La seguridad privada se encargaba de eso. De vigilar, y repeler cualquier amenaza. Limosneros, perpenadores, vendedores ambulantes, músicos callejeros, competencia. Todos peligrosos. La élite y su deber de dividir a la población, con la filosofía barata del éxito, del amor propio. Los pobres, felices con la ilusión de tener millones,competir y sobresalir, y su mentalidad millonaria. Los ricos, más astutos que inteligentes. Expertos en la avaricia, la ciencia que llaman economía. Los millones no valen nada cuando tienes todo el mercado, eso no se lo dicen al resto. Mas bien no es necesario, si se tiene todo bajo control. Y eso lo ves en las universidades, donde sus egresados son adoctrinados para pelear en el mundo empresarial, y no para progresar intelectualmente. Praxeología, la ley del más fuerte. Puto neoliberalismo. Pero quien soy yo para decir, escribir, y dar opiniones. Soy un adicto, una persona inmoral y desechable. Un ignorante. Sabía que estaba pensando con la voz, al ver miradas. Los ignoré, y vi como se dejaba caer, el delicioso chorro humeante que salía de uno de los termos cilíndricos. Café de chiapas, decía la leyenda. Sin crema, ni azúcar dije yo. Mi plan era quedarme hasta que alguno de los de seguridad me corriera. No pasó. Había recogido también una orilla de pizza. Era deliciosa, a pesar de los mordiscos y de haber venido de la basura. La salsa de tomate, discreta, en la marca dentada del pan le daba un toque dulzón. Estupendo con el café, casi gourmet. Observé, mientras bebía y rellenaba. Familias, parejas, estudiantes, hombres, mujeres. Toda una amalgama de personas. Siendo normales. Y felices. Las mismas preguntas de siempre. ¿Que hice mal? ¿Por qué no soy como ellos? Hace muchos años, encontré las respuestas. Pensar mucho, pero en nada realmente. Y pues, bastantes veces tuve la oportunidad. Con AA, NA, la iglesia católica, cristiana, la carrera y una mujer que trató de enderezarme, por mero capricho. ¿Inseguridad? Es lo que diría un ordinario. Mejor no saberlo. Me negaba a cavar mi propia tumba. A ser uno más. Moriría pudriéndome en el asfalto, por un pequeño sorbo de libertad, y una cucharada de la dulce miel de las artes. Nada menos. Las cajeras fijaron su atención, hablándose al oído. A veces movía los labios mientras pensaba. Hora de irme. Di unas vueltas más por el mall, con dos tipos siguiéndome. Justo a unos pasos de la escalera eléctrica. Llegaron jóvenes, vistiendo chalecos verdes. Limpios, impecables y sonrientes. Hablaban con la gente. No me preocupé, aprendí a vestirme bien para ahuyentar a vendedores y demás. No funcionó con ellos. No recuerdo como se llamaba. Creo que Alejandra. Las puntas del cabello, color fantasía, y unas manos clarificadas, y suaves; muy suaves. Me saludó, y le extendí mi mano áspera, por los químicos abrasivos que usaba en el jale. -Deja te explico quienes somos, supongo que has oído hablar de nosotros. Asentí diciendo que los conocía, de todas maneras lo hizo. Y recordé a Benny, de espécimen. Eran de greenpeace. Estaban recabando firmas para detener los pozos de gas y petroleo en alaska. Me contó sobre los logros. Y las nuevas problemáticas ambientales en el ártico. Lo lograron con Obama, ahora seguía Trump. Si viviera en alguna península, estaría realmente jodido. -¿Que piensas sobre que está pasando?-dijo enseñando unas fotos-la fauna está muriendo, mira como los osos polares mueren sobre trozos de hielo. -Sabía un poco, pero jamas vi a un oso en los huesos casi expuestos. La foto me perturbó bastante. Quería firmar, tenía también el presentimiento de que quería algo más. Por algo andaban merodeando en un lugar, de arquitectura sustentable. Y con la estética de mascotas, buscaban donadores y voluntarios. Me preguntaba si sabían sobre los horrores que vivían los activistas de pueblos originarios. Falsos. Bueno no. Solo estaba dividido con la clase media. Ya no tengo la edad, como para ansiar venganza de clases, son como yo, y yo como ellos. Pero no podía ayudarlos, estaba quebrado y me daba vergüenza decirlo, en especial a una mujer que me atraía. -Ayudas mucho con el simple hecho de que te interese-dijo- se ve que te importa bastante salvar el planeta. En otra vida lo hubiera hecho. Lo hice años atrás. Con los activistas alcohólicos, radicales, rompiendo vitrinas y pintarrajeando tiendas de mascotas. La chica se acercaba más y más. Discretamente daba pasos hacia atrás, y me seguía. No porque quisiese abandonarle. Disfrutaba jocosamente la verborrea. Su aliento cálido, agradable. Mientras yo apestaba a sudor, vistiendo la misma ropa de hace ocho años, no quería que me oliera. Tal vez lo sabía, y no le importaba. -Lo siento amiga, no traje mi tarjeta de nomina-dije-si quieres hago la firma en la pagina web. No tenía tarjeta, ni seguro social. -No te preocupes, pasame tu numero de teléfono, y whats. Anota el mio también. Platicamos en la noche, y nos conocemos ¿Que te parece? -Perdón, no tengo pila, no me sé el numero y traigo prisa. Su mirada cambió, se puso triste, eso creo. -Está bien-dijo con voz apagada-, de todas formas, gracias por tu tiempo. Salí de la plaza, los de seguridad ya no me seguían. No me sentí con ganas de hablar, dejando correr otra oportunidad. No lo creo. Aun así estaba seguro de que me porté como un idiota.
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2018.08.23 20:15 master_x_2k Zumbido IV

Zumbido IV

Brian llegó cuando Perra y yo estábamos caminando penosamente por el campo con palas y bolsas de basura en la mano. No es la imagen que quería que él tuviera de mí, pero me alegré de verlo de todos modos.
Me limpie usando el grifo en el abrevadero de agua de los perros, pero todavía estaba cubierta de huellas sucias de las patas, manchas de hierba y la piel todavía me picaba con la sensación de que los bichos se arrastraban sobre mí. No tenía ninguna duda de que, con mi pelo mojado y el estado de mi ropa, me veía bastante espantosa.
“Hay agujeros de bala en la puerta de entrada”, Brian habló desde el otro lado de la alambrada, levantando la voz para ser escuchado sobre el torrente de ladridos. Llevaba su traje y su casco, pero tenía la visera levantada y no estaba envuelto en su oscuridad. Desde la distancia, se vería como un tipo con equipo de motocicleta.
“Tranquilos”, ordenó Perra, y los perros se callaron. Al ver lo que los otros perros estaban haciendo, los pocos que no habían aprendido el comando se detuvieron después de uno o dos ladridos más.
“Sí, dispararon sus armas unas cuantas veces”, le dije.
“Y todavía están aquí”, dijo, con leve incredulidad.
“Mi decisión”, le dijo Perra.
“Es una mala decisión”, la amonestó.
“No voy a irme.”
Brian se cruzó de brazos. “¿Es tu orgullo o testarudez digno de lastimar a esos perros?”
Ella frunció el ceño y miró a los perros.
“Lo que dijeron sobre las salchichas,” dije en voz baja, “sobre envenenar a tus perros. No podrías detenerlos a menos que estuvieras aquí todo el día, todos los días, y tal vez ni siquiera entonces.”
“Es cobarde”, Perra escupió las palabras.
“Son cobardes”, le dije. “Básicamente la definición de cualquiera que se une a un grupo de odio. Pero incluso si atacaran de forma más directa, ¿podrías manejarlo? ¿Podrías si veinte personas aparecieran con armas de fuego? ¿O si Night y Fog pasaban a las tres de la mañana, cuando estás solo tú y estos muchachos?”
“Yo puedo arreglármelas sola.”
Suspiré un poco y planté mi pala en el suelo. Tenía que pensar en una forma de convencerla. Si perdía la paciencia frente a su terquedad, ella ganaría la discusión, y todos perderíamos.
“Lo sé. ¿Pero no es mejor confiar en nosotros? ¿Para de verdad manejar esto en lugar de hacerlo sola, escondiéndote y dejando que esos cabrones tengan el poder?”
“No me estoy escondiendo”, me miró enojada. “Estoy protegiendo-”
Brian la interrumpió, “Proteger a tus perros significaría llevarlos a un lugar seguro.”
Ella sacudió su cabeza violentamente. “No. Si hago eso, los malnacidos ganan.”
“Entiendo lo que dices”, le dije. “De verdad, sé a qué te refieres. Pero nuestra prioridad número uno es protegerlos a ti y a esos perros. Una vez que nos hayamos encargado de eso, podemos enfocarnos en enfrentar cualquier amenaza.”
Ella golpeteo con sus dedos contra su muslo, mirando hacia el edificio.
“¿Vamos a encargarnos de ellos?”, Ella hizo la pregunta un desafío.
“Sí”, habló Brian. “No me gusta que estos tipos se estén mudando a esta área. No me gusta que lleguen tan lejos como para atacar a un miembro de nuestro grupo. Si no hacemos algo para responder pronto, va a lastimar nuestra reputación. Necesitamos reputación, nos protege, da a la gente razones para pensar dos veces antes de jodernos.”
Perra asintió. “Bueno.”
Brian arqueó una ceja, “¿Bueno qué?”
“Iré, y vendrán los perros.”
Él sonrió, “Bien. No creo poder saltar esta cerca sin hacer enojar a esos perros, así que me reuniré contigo en la puerta de entrada. Voy a llamar a Coil en el camino.”
“Está bien”, dije. Cuando dio vuelta para irse, yo levanté la mano en el saludo de despedida más pequeño y patético del mundo. A pesar de que estaba bastante segura de que no lo había visto, me quedé sintiéndome como una idiota por hacerlo.
Eché un vistazo a Perra, que me estaba mirando con curiosidad.
“¿Qué?”, ​​Le pregunté, sintiéndome dolorosamente consciente de mí misma.
“Él te gusta.”
“N-”, comencé. Antes continuar con mi protesta, tuve que detenerme. Perra apreciaría la franqueza y la honestidad más que cualquier otra cosa. No estaba segura de poder darme el lujo de parecer deshonesta o de tener dos caras con ella. “…Sí. Me gusta.”
Ella giró para volver a entrar. Un horrible pensamiento me golpeó en ese momento.
“¿Te...te gusta a vos?", Le pregunté.
Ella giró su cabeza para darme una mirada enojada, una que no podía leer en lo más mínimo.
“Porque si lo haces”, me apresuré a agregar, cuando comencé a caminar detrás de ella, “Oye, tú estuviste aquí primero. Me alejaré y mantendré la boca cerrada si quieres intentarlo.”
Hubo unos cinco segundos en los que estuvo muy callada. Mi pulso latía en mi garganta. ¿Por qué me importa tanto esto?
“Deberías ofrecerle dormir con él.”
“¿Y-eh, qué?” Tartamudeé. El alivio se mezcló con la vergüenza, y el abrupto cambio de tema me dejó luchando por ordenar mis pensamientos.
“Es lo que quieren los chicos. Dile que estás disponible si alguna vez quiere coger. Él lo aceptará de inmediato, o comenzará a pensar en ti como una posibilidad y aceptará tu oferta más tarde.
“Eso es- Es más complicado que eso.”
“Es complicado porque las personas hacen que sea complicado. Solo corta con las estupideces y ve por él.”
“No creo que te equivoques sobre la necesidad de tener menos expectativas, reglas y rituales en torno a las citas, estupideces, como dices, pero no creo que pueda hacer lo que sugieres.”
“Lo que sea.”
Me di cuenta, tardíamente, que ella realmente me había ofrecido un consejo. Por... luché por encontrar la palabra. Por muy mal dirigida que hubiera sido su sugerencia, especialmente con Brian, fue probablemente el gesto más evidente de buena voluntad que le había visto, junto a ella diciéndole a Armsmaster que creía que yo podía patearle el culo.
“Gracias, igualmente”, le dije. “Lo, eh, lo tendré en cuenta.”
“No me importa si lo haces.”
Cruzamos el interior del edificio y Perra abrió la puerta para dejar entrar a Brian. Por un segundo, pensé que su franqueza la llevaría a decirle a Brian abiertamente que me gustaba, pero no era el caso. Estaba más centrada en evitar que los perros más rebeldes se escabullen y evitar que ladren al visitante nuevo que en nuestra conversación.
“No puedo contactar a Coil”, nos informó Brian.
“No pude alcanzar a Lisa o Alec antes”, respondí. “¿Crees que algo está pasando?”
Él asintió con la cabeza, “Tal vez. Quédate aquí con Rachel. Voy a chequear a los demás.”
“No”, dijo Perra. “No necesito niñera, y me estoy molestando con ustedes dos estorbándome. Taylor se va contigo. Me quedaré aquí y empacaré.”
“No es una buena idea”, dijo Brian, sacudiendo la cabeza, “Si te atacan mientras tanto-”
“-Tengo a Brutus, Judas y Angelica. Me las arreglé sola durante años, me encargué de personas más duras que esos hijos de puta. Si hay problemas, corro.”
“¿Y si toman a uno de tus perros como rehén?”, Le pregunté. “¿Uno en los que aún no puedes usar tu poder?”
Una mirada oscura pasó por su rostro mientras consideraba eso. “Entonces corro... y me vengo otro día, en mis términos.”
Brian golpeó su pie durante unos segundos. “Bueno. Si hay problemas, será bueno tener a Taylor cuidándome la espalda. Si puedo comunicarme con Coil, cuando lo haga, voy a tratar de conseguirte algunos camiones y personas que los conduzcan. Mientras tanto, mantente alerta y que no te maten.”
Perra frunció el ceño, pero ella asintió.
“Taylor, deberíamos irnos. Mientras antes veamos a Lisa y Alec, mejor me sentiré”, él ya se estaba moviendo cuando terminó de hablar.
En el momento en que estábamos fuera del alcance del oído, se quitó el casco, metiéndolo debajo de un brazo, y me preguntó: “¿Qué pasó?”
Le dije, explicando todo después del punto en que Perra y yo escuchamos el alboroto que estaban causando el hombre botella y su pandilla.
“Es curioso que sea Kaiser quien tenga problemas para controlar a su gente”, reflexionó Brian, cuando terminé.
Me preguntaba si todavía estaba adolorido por lo que Kaiser había dicho en la reunión.
“Coil aumentó la presión en el momento en que se rompió la tregua contra los ABB. Me sorprendería si Kaiser no tuviera las manos llenas con eso”, respondí.
“¿Lo estás defendiendo?”
No era frecuente que me sintiera muy consciente de la diferencia en los colores de nuestra piel, pero que me preguntaran si estaba inventando excusas para el supervillano de la supremacía blanca era uno de esos momentos.
“No quiero subestimarlo, es todo”, le dije.
Brian suspiró, “Sí. Quizás tengas razón. Pero Kaiser estaba dispuesto a exigir una indemnización por el ataque a su círculo de pelea de perros, y estoy más que dispuesto a hacer lo mismo por este ataque de sus skinheads, si llega a eso.”
“Ambos eventos tienen algo sustancial que ver con Perra”, noté.
“Soy consciente de ese hecho”, me dijo, frunciendo el ceño. “Ella es útil, ella es un recurso valioso para el equipo, pero viene con algunos problemas. Ya lo solucionamos en el pasado, lo solucionaremos en el futuro.”
“Claro.”
“¿Como estaba ella? ¿Alguna pelea?”
“Nada serio. No, en verdad estuvo bastante bien. Incluso podría hacerlo de nuevo, si ella me deja.”
“De verdad”, respondió, con escepticismo claro en su tono.
“De Verdad.”
“¿Qué cambió?”
“Estoy descifrándola, creo. Como opera, come piensa.”
“Llevo diez meses en el mismo equipo con ella, y ni siquiera he estado cerca de entender cómo piensa. Normalmente puedo evitar que vaya demasiado lejos o lastime a alguien, mantenerla en línea y hacer que siga las instrucciones, pero todavía no he tenido una conversación con ella que no haga que quiera golpearme la cabeza contra la pared.”
“Ese podría ser el problema. Estás a cargo, te admira, te respeta, pero...” Hice una pausa. ¿Cómo podría decir esto sin entrar en los detalles de su modo de pensar? “...Pero tu eres una especie de figura de autoridad en nuestro grupo, y su personalidad exige que desafié la autoridad. Especialmente cuando está insegura.”
Brian consideró eso. Con una nota de aprobación en su voz, él comentó: “Le estás poniendo bastante empeño.”
“Creo que te sería mucho más fácil manejarla si tomas un papel de liderazgo oficial en nuestro grupo. No solo ser el líder por defecto, sino tomar el puesto. Si no te sientes cómodo con eso, o si piensas que los demás te lo harán demasiado difícil, bueno, probablemente se sentirá más cómoda si confía en ti como alguien a cargo con el tiempo, mientras demuestras que puedes manejarlo.”
“Han pasado diez meses, ¿cuánto tiempo necesita?”
“¿Y ella ha tenido cuántos años, sin padres, maestros, jefes? Quiero decir, incluso cuando tenía padres adoptivos, no creo que fuera todo rayos de sol y arco iris, ¿sabes?”
Se frotó la barbilla. “…Sí.”
“Dime que no ha mejorado al menos un poco en el transcurso de esos diez meses.”
“Ligeramente.”
“Ahí lo tienes. Solo mejorará de aquí en adelante.”
Él me ofreció un gruñido derrotado en respuesta.
Brian caminaba a grandes zancadas, y tenía piernas largas, lo que me obligó a hacer pequeños trotes para mantener el ritmo. No era agotador, estaba en forma lo suficiente para correr, pero era vergonzoso sentirme como un niño pequeño tratando de mantener el ritmo de un adulto.
De cualquier manera, hicimos buen tiempo para volver al departamento.
Brian se llevó el dedo a los labios mientras se ponía el casco y bajaba la visera, emanando su oscuridad para ocultar el disfraz. Hice una mueca y traje bichos para cubrir mi rostro, llamando más desde el área para formar el comienzo de un enjambre. Brian - Grue ahora - extendió la mano y cubrió la puerta principal del departamento en la oscuridad, luego la abrió sin el más mínimo crujido o chillido. Antes de que subiéramos las escaleras de metal que conducían al segundo piso, él las cubrió con una capa de su poder para hacer que nuestros pasos fueran completamente silenciosos.
No anticipé la escena en la sala de estar del departamento.
La TV estaba encendida, mostrando anuncios. Alec yacía en el sofá, con los pies sobre la mesa de café, una comida en su regazo. Lisa estaba sentada en el otro sofá, la computadora portátil apoyada en sus piernas, un teléfono en su oreja. Giró la cabeza mientras subíamos las escaleras, nos dirigió una mirada extraña y luego volvió su atención a su computadora portátil.
“¿Por qué carajos no están contestando sus teléfonos?” Grue levantó su voz espeluznante. Levantó su visor y desterró la oscuridad a su alrededor.
Lisa frunció el ceño y levantó un dedo. Ella continuó hablando por teléfono, “-no estoy de acuerdo con esto, y si me lo hubieras preguntado, habría dicho que no deberías hacerlo. No, sí, creo que es una medida efectiva.”
Señaló la computadora portátil, y di un paso adelante, moviendo los bichos de mi cara y hacia el centro de mi espalda, donde estarían presentes, pero no en el camino, descansando sobre la tela en lugar de sobre la piel. Miré a la pantalla.
“Mi problema es que no son solo ellos. Son sus familias”, dijo Lisa por teléfono. “Regla implícita[1], no se jode con la familia de una capa.”
Leí el contenido del correo electrónico que ella tenía abierto. Sentí una bola de terror asentarse en la boca del estómago. Me incliné sobre el respaldo del sofá y le puse una mano en el hombro para estabilizarme mientras bajaba la mano para presionar la tecla de avanzar página en la computadora portátil. Leí más del correo electrónico y luego presioné el botón otra vez para desplazarme hacia abajo otra vez.
Cuando leí lo suficiente de la página para verificar mis sospechas, presioné la tecla de inicio para regresar a la parte superior de la página. Comprobé quién más había recibido el correo electrónico y la hora en que lo enviaron.
“Carajo”, murmuré. “¡Mierda!”
Lisa me miró, frunció el ceño y luego habló con la persona que estaba al otro lado del teléfono. “¿Podemos terminar de discutir esto más tarde? Tengo que hablar con mi equipo sobre esto. Kay. Luego.”
El correo electrónico era una lista. En la parte superior de la lista estaba Kaiser. Después de su entrada estaban sus lugartenientes, Purity, Hookwolf y Krieg, y el resto de los miembros del Imperio Ochenta y Ocho. Ni siquiera estaba limitado a personas con poderes, señalando a algunos capitanes sin poderes e incluso a algunos de los lacayos de bajo nivel.
La lista incluye imágenes y texto. Debajo de cada uno de los nombres de los villanos había un bloque completo de datos, señalando sus nombres civiles completos, profesiones, direcciones, números de teléfono, las fechas en que se mudaron a la ciudad y las primeras apariciones de sus identidades de traje en Brockton Bay. Había imágenes de ellos en traje emparejado con imágenes de sus supuestas identidades civiles, más o menos igualadas en ángulo y tamaño para facilitar la comparación. La mayoría de las entradas tenían archivos zip adjuntos, sin duda con más datos y evidencia.
Kaiser. Max Anders, presidente y director ejecutivo de Medhall Corporation, una compañía farmacéutica con sede en Brockton Bay. Padre de un Theodore Richard Anders y una Aster Klara Anders. Dos veces divorciado, actualmente vive en un piso en el centro de la ciudad. Conduce un BMW negro. Originario de Brockton Bay, hijo de Richard Anders. Richard Anders, según el correo electrónico, era Allfather, el fundador de Imperio Ochenta y Ocho. Según las imágenes, era evidente cómo la armadura se ajustaba a su rostro y cuerpo, y que tanto Kaiser como Max Anders tenían la misma altura y el mismo tipo de cuerpo.
También había otras imágenes, que mostraban a Max Anders con una hermosa rubia de veintitantos años, y Max Anders con una mujer de pelo castaño mayor en una cafetería, con la mesa llena de lo que parecía ser papeleo. Me desplacé hacia abajo para confirmar mis sospechas, la rubia apareció en otra foto con su hermana gemela. Fenja y Menja.
La mujer de pelo castaño era Purity, según el correo electrónico. Mucho más recatada de lo que podría haber pensado, dada la gran presencia que tenía de traje. Nombre real, Kayden Anders. Decoradora de interiores. Madre soltera de una tal Aster Anders. Purity fue promovida al segundo al mando de Kaiser en la misma semana en que Kayden Russel tomó la mano de Max en matrimonio para convertirse en Kayden Anders. Su separación se produjo en el mismo período de tiempo que Purity dejó el Imperio Ochenta y Ocho para, aparentemente, hacer las cosas por su cuenta. Pequeñas citas apuntaban a archivos aparentemente en el archivo zip adjunto.
Se alegaba que Krieg era James Fliescher. Jefe de una cadena de farmacias, a su vez conectado a Medhall. Padre de tres, casado. Según las notas en su bloque de información, se tomó unas vacaciones dos veces al año con su familia. El correo electrónico indicaba que el archivo comprimido tenía copias de correos electrónicos entre compañías donde les había dicho a sus compañeros de trabajo que había ido a lugares como América del Sur o París, y los registros de vuelo mostraban que estaba mintiendo. Él siempre fue a Londres. Dos veces al año, cada año, durante casi veinte años. Ni una sola vez, durante estos viajes, se había visto a Krieg en Brockton Bay.
La lista continuaba, y continuaba.
Cada pieza de información conectada a otras. Incluso la información sobre los soldados rasos como los que conocí anteriormente con el negocio de Kaiser, muestra cómo fueron empleados como empleados de bajo nivel de Medhall y sus negocios derivados. Parecía que todos tenían antecedentes penales, excepto las personas arriba de todo.
En resumen, era lo suficientemente amplio como para tomar un tipo especial de ignorancia voluntaria para no comprar lo que el correo electrónico estaba vendiendo.
El correo electrónico había sido enviado no solo a Lisa, sino al Brockton Bay Bulletin, a media docena de otras estaciones de noticias locales y a varias nacionales. Todos los que importaban y algunos que no.
El correo electrónico había sido enviado a la 1:27 pm esta tarde. Hace menos de una hora. Esas eran las verdaderas malas noticias.
“¿Coil hizo esto?” Murmuré.
Lisa asintió, con fuerza, “Síp.”
“Con tu ayuda, supongo.”
“Solo un poco. Me preguntó algunas veces, que le ofreciera mis pensamientos sobre algunas cosas, ponerlo en el camino correcto, eliminar posibilidades. No pensé que llegaría tan lejos, o que iría tan lejos. Una vez que lo puse en el camino correcto, aparentemente usó investigadores privados y hackers para desenterrar el resto de esto y obtener la evidencia fotográfica.”
“Carajo”, murmuré.
“No estoy de acuerdo con esto”, dijo. “Está cruzando una línea. No se trata solo de meterse con el enemigo, va a haber un montón de daños colaterales.”
“¿Por qué no contestaste tu teléfono?” Brian cambió de tema.
Ella parpadeó un par de veces, sorprendida, "Mi teléfono estaba casi sin carga, así que agarré uno desechable nuevo para hablar con el jefe. No quería usar el teléfono con el resto de la información de contacto de ustedes, solo para estar seguros. Alec estuvo conmigo todo el tiempo. Debería haber recibido llamadas.”
“Revisa tu teléfono, Alec”, dijo Brian, brusco.
Alec lo hizo. Sus ojos se abrieron, “Oh mierda.”
“Parte de ser miembro de este equipo es estar de guardia si te necesitamos. Lo juro,” Brian gruñó a Alec, “voy a patearte el culo tan fuerte-”
Lisa miró de Brian a Alec hacia mí, “Algo sucedió. ¿Hay alguien herido?”
“Sí, algo pasó, no, nadie está herido. Eso realmente no es lo que me preocupa”, le dije. Señalé la pantalla, “¿Coil planeó esto? ¿Es esto un plan suyo? ¿Usando su poder? ¿Usar su manipulación del destino o lo que sea para crear una coincidencia general, ponernos en una mala posición y obligarnos a unirnos a él?”
Lisa negó con la cabeza con fuerza, “No percibí nada parecido a eso, y no es así como funciona su poder. Además, esperaba que estuviéramos de acuerdo de todos modos. Él no pondría en peligro eso con un truco como este. Es demasiado crudo.”
“Así que fue solo él atacando al Imperio Ochenta y Ocho en un nuevo frente, y una maldita mala coincidencia para nosotros”, dije, tanto a mí misma como a cualquier otra persona.
“¿Qué está pasando?”, Preguntó Alec.
Inhalé profundamente e intenté explicar qué tan mala era la situación. “Coil acaba de hacer una gran jugada contra el Imperio, y parece que fue anónimo. Perra y yo peleamos con algunos de sus subordinados casi al mismo tiempo.”
“Yo no-” comenzó Alec.
“Míralo de esta manera”, interrumpí, “Kaiser y cada uno de sus veintiún lacayos superpoderosos van a estar lo suficientemente enojados como para querer matar a alguien, después de que Coil fue y puso sus vidas de cabeza. Kaiser y su gente saben quiénes somos, de nuestra cooperación contra los ABB. Específicamente, ellos saben quién es Lisa. Entonces, ¿a quién van a culpar por esto, si no al grupo con el que su gente estaba luchando esta misma tarde, el grupo con la muy talentosa recopiladora de información en sus filas?”
“Oh.” Alec dijo. “Mierda.”
“Exactamente.”
[1] Código Implícito: Las Unspoken rules o más “oficialmente” conocidas como Unwritten rules son reglas que tiene la comunidad de capas sobre como se comportan, no es un acuerdo formal, por eso las palabras unspoken=implícitas, sin mencionar, y unwritten=orales, sin escribir, tácitas. Aunque no son leyes formales el código tácito es respetado tanto por héroes como villanos.

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2016.07.01 21:51 jcabsay Mensaje de Pablo Echenique

Han pasado cinco días desde las elecciones y el mensaje que más recibo de la gente en la calle, en los trenes y en las cafeterías es un mensaje de apoyo y de ánimo. En menor medida, pero también, la gente me pide que no aflojemos, que sigamos luchando.
En estos cinco días, una mujer me contó que se puso a llorar al ver los resultados, un taxista ---callado y emocionado--- se negó a que le pagase una carrera y no pude convencerlo de que tenía que cobrarme, un conductor en una furgoneta frenó y dio marcha atrás al verme sólo para decirme que no se creía las mentiras y que estaba con nosotros, un interventor en el tren se acercó y me dijo bajito en el oído que "sí se puede".
Esta misma mañana conocí a dos chicas que habían viajado de Málaga a Madrid porque se habían enterado que teníamos una reunión en la sede y quisieron esperar toda la mañana en la puerta y sin ninguna garantía de que iban a poder cumplir su misión: simplemente darle a Pablo un abrazo y todo su ánimo.
Les daba corte decirlo y sólo me enteré de lo que habían hecho después de hablar un rato con ellas]
Estas dos personas maravillosas no querían molestar... ¡No querían molestar!
Con gente así, ¿cómo no vamos a aguantar? ¿Cómo no vamos a seguir luchando? Con gente así, ya nos pueden tumbar mil veces, que nos volveremos a levantar.
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2015.03.03 09:43 FRIMO1962 Ocho claves sobre el ático de Ignacio González

Ocho claves sobre el ático de Ignacio González

¿Hay navajazos en el PP de Madrid? Sí, claro. Porque hay navajas con las que pelear.
Ignacio Escolar
03/03/2015 - 00:48h
  1. Ignacio González está muy tocado, si no hundido, por las andanadas de estos días. En estas primarias a dedazo todo depende de Rajoy, un elector caprichoso y difícil de interpretar, pero en Génova dan por hecho que González no seguirá. ¿La última evidencia? Lo ocurrido ayer: un presidente autonómico del PP denuncia en rueda de prensa algo tan grave como un chantaje policial y nadie del Gobierno ni del partido ni siquiera del Ministerio del Interior sale a respaldarle en su durísima acusación, y eso que señaló a dos comisarios en activo con nombre y apellidos: José Villarejo y Enrique García Castaño. Dos policías que, por cierto, se están pensando demandar al presidente de la Comunidad de Madrid.
  2. Tiene razón Ignacio González cuando deja caer que el renacer del caso de su ático está relacionado con la nominación de candidatos del PP en Madrid. Tampoco es casual, como ya expliqué en este blog, que reapareciese el asunto de la gestapillo, que también le salpica. Pero la oportunidad de estas informaciones no implican que no sean verdad. ¿Hay navajazos? Sí, claro. Porque hay navajas con las que pelear.
  3. La historia que contó ayer Ignacio González es bastante difícil de tragar. Si la reunión la pidieron los policías, ¿por qué les citó en una cafetería en vez de en su despacho oficial? Si aquello fue “un chantaje”, ¿por qué en su momento no lo denunció? Por su parte, la versión policial también tiene su aquel. ¿Es normal que la poli avise a un político de que está siendo investigado? ¿En qué clase de país ocurre algo así?
  4. Ignacio González se escuda en que el asunto de su ático está cerrado judicialmente porque fue archivado por el Tribunal Supremo. Es una media verdad, porque en otro juzgado de Málaga se sigue investigando ese extraño asunto para saber quién está detrás de “Coast investors”, el casero del ático y después vendedor. El caso está parado porque las diligencias sobre quién está detrás de las cuentas que maneja el testaferro Rudy Valner no llegan: para eso sirven los paraísos fiscales, para la opacidad.
  5. Casualmente, el testaferro Rudy Valner es también tesorero de Egeda US, una filial estadounidense de Egeda, la entidad de gestión de derechos de autor que preside Enrique Cerezo. Sí, Cerezo, el mismo que preside el Atlético de Madrid.
  6. El informe policial que ayer publicó El Mundo relaciona el ático de Ignacio González con un supuesto pago de comisiones por parte de Martinsa en una gran operación urbanística en Arganda del Rey. A los lectores de este blog con muy buena memoria lo de Arganda les sonará. En marzo de 2009, hace ya seis años, publiqué un artículo sobre aquella fea adjudicación que hoy conviene repasar: El misterio del área 124. Aquel texto me costó –junto con otros compañeros de Público– una demanda de Ignacio González; hace unos meses, el Tribunal Supremo nos ha dado la razón.
  7. Los datos de la policía agregan más luz del tipo de "casoplón" que Ignacio González disfruta en la costa de Málaga –un ático de cerca de 500 metros cuadrados, entre vivienda y terraza–. Según revela el informe policial, al que también ha tenido acceso eldiario.es, solo la comunidad de vecinos le cuesta 6.532 euros al año: más de 500 euros al mes, si es que no ha subido desde 2011. Y hablamos de la casa en la playa, no de la primera vivienda, que tampoco es modesta: el presidente de la Comunidad de Madrid vive en un chalet pareado de tres plantas con piscina privada y parcela en una urbanización de lujo en el barrio de Aravaca. Por muy bien pagada que esté su mujer –hasta hace un año Arturo Fernández la tuvo contratada como vicepresidenta en la patronal madrileña por 120.000 euros brutos anuales– cabe preguntarse qué clase de mago de las finanzas es González, capaz de soportar una vida a todo tren.
  8. Ignacio González, en la rueda de prensa de ayer, ha caído en una evidente contradicción: ha admitido que, en noviembre de 2011, supo por la policía que el tema de su ático estaba siendo investigado. Sin embargo, en marzo de 2012, fue preguntado en público al respecto y negó saber de tal investigación. “Creo que no existe ninguna investigación ni conozco ningún testigo ni conozco nada que tenga que ver con esa información”, aseguró entonces. Es evidente que mintió.
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